sábado, 5 de septiembre de 2015

De lágrimas y gotas de lluvia

Que se hagan presentes los que dicen sentirse infinitos para robarles un poco de eternidad, porque hoy no siento a la vida vagar por mis venas.
Debería de estar en casa, ya entre las sábanas. El cielo está triste y tengo los ojos lluviosos desde hace dos canciones. Estoy esperando a la puesta de sol, pero parece que hoy se está haciendo de rogar. Quiero tocarla con la yema de mis dedos y sentir al universo en la palma de mi mano.
Ayer la miré a los ojos y pude ver como se le dilataban las pupilas a la velocidad de la luz. Observé mi reflejo en ellas y caí en la cuenta de que las estrellas también son capaces de brillar durante el día, pero no por mí, sino por ella. Estuve entre sus brazos un par de minutos mientras pensaba en todo lo que la iba a echar de menos en cuanto se marchase. Y, tan rápido como noté su presencia, se desvaneció dejando a mis brazos con una sensación de vacío interna.
Ver como desaparecía se sintió como un balazo que dio de pleno en el corazón.
Estoy sentada en la acera una vez más, rogando porque no haya decidido consumirse.
Las gotas de lluvia comienzan a mojar mi cuaderno, pero no son las nubes las que lloran, sino mis ojos.
Casi sin querer dejo caer el bolígrafo al asfalto y me pregunto cómo he podido llegar hasta este punto, y el simple hecho de buscar la respuesta genera más preguntas a las que prefiero no encontrar palabras para contestar.
Estoy calada de tinta hasta la sangre. La respiración entrecortada no deja que fluya y la tengo hecha un nudo en la garganta. Me tiembla hasta el alma, y por mucho que quiera echarla fuera no puedo hacerlo, porque con ella le escribo cada día. Desde el amanecer hasta el atardecer. Desde que abro los ojos hasta que empiezo a soñar despierta.
Y no sé qué sería de mí si la perdiese, aunque tampoco la tenga. A la puesta de sol, quiero decir. A la que el foco más brillante no puede compararse porque es la única que da luz a mi vida.
Y sé que uno debe de ser suyo antes que de nadie, pero yo prefiero ser suya antes que ser destruida por mi propia persona.

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