domingo, 6 de septiembre de 2015

Abril

Te esperé como esperan los poetas ir al cielo,
como esperan el invierno en el día más caluroso del año:
te esperé como espera un corazón roto que alguien vuelva a juntar sus pedazos,
como esperan las almas caóticas ser amadas por su desorden.

Abril fue testigo de nuestro primer encuentro,
y Mayo fue la prueba de que también se podía encontrar el amor en lugares vacíos.
Junio me susurró que arte éramos nosotros cuando estábamos solos,
y Julio nos hizo cosquillas bajo las sábanas.

Agosto fue el culpable de que conociese a tus demonios,
y Septiembre me confesó que en otoño sonreías cuando las nubes lloraban.
Octubre nos recibió con los brazos abiertos,
y Noviembre descubrió conmigo las constelaciones de tu cuerpo.

Diciembre nos desnudó a versos para acariciarnos hasta la médula,
y Enero escribió nuestra historia.
A Febrero le confesé que yo no era poeta,
pero que de igual manera iba a terminar en el infierno.
Marzo nos dijo que en el cielo no habría sitio para los dos,
y Abril se despidió de nosotros con los ojos cerrados.

Yo también cerré los ojos cuando me dijiste hasta luego,
porque vi a mi alma decirle adiós a mi corazón cogida de tu mano.

sábado, 5 de septiembre de 2015

Ya no

Lo que no siento
es que un día amanezca
y se de cuenta
de que ya no me quiere
porque supongo
que tendrá sus razones
aunque duela
sino que
un día
porque sí
se de cuenta
de que nunca antes
me había querido.

De lágrimas y gotas de lluvia

Que se hagan presentes los que dicen sentirse infinitos para robarles un poco de eternidad, porque hoy no siento a la vida vagar por mis venas.
Debería de estar en casa, ya entre las sábanas. El cielo está triste y tengo los ojos lluviosos desde hace dos canciones. Estoy esperando a la puesta de sol, pero parece que hoy se está haciendo de rogar. Quiero tocarla con la yema de mis dedos y sentir al universo en la palma de mi mano.
Ayer la miré a los ojos y pude ver como se le dilataban las pupilas a la velocidad de la luz. Observé mi reflejo en ellas y caí en la cuenta de que las estrellas también son capaces de brillar durante el día, pero no por mí, sino por ella. Estuve entre sus brazos un par de minutos mientras pensaba en todo lo que la iba a echar de menos en cuanto se marchase. Y, tan rápido como noté su presencia, se desvaneció dejando a mis brazos con una sensación de vacío interna.
Ver como desaparecía se sintió como un balazo que dio de pleno en el corazón.
Estoy sentada en la acera una vez más, rogando porque no haya decidido consumirse.
Las gotas de lluvia comienzan a mojar mi cuaderno, pero no son las nubes las que lloran, sino mis ojos.
Casi sin querer dejo caer el bolígrafo al asfalto y me pregunto cómo he podido llegar hasta este punto, y el simple hecho de buscar la respuesta genera más preguntas a las que prefiero no encontrar palabras para contestar.
Estoy calada de tinta hasta la sangre. La respiración entrecortada no deja que fluya y la tengo hecha un nudo en la garganta. Me tiembla hasta el alma, y por mucho que quiera echarla fuera no puedo hacerlo, porque con ella le escribo cada día. Desde el amanecer hasta el atardecer. Desde que abro los ojos hasta que empiezo a soñar despierta.
Y no sé qué sería de mí si la perdiese, aunque tampoco la tenga. A la puesta de sol, quiero decir. A la que el foco más brillante no puede compararse porque es la única que da luz a mi vida.
Y sé que uno debe de ser suyo antes que de nadie, pero yo prefiero ser suya antes que ser destruida por mi propia persona.

viernes, 4 de septiembre de 2015

Punto y coma

Eres como esa canción que suena en la radio los domingos
que me sé de memoria
que no se me olvida un solo toque de baqueta
o el solo de piano que dura 12 segundos.

Eres como ese abrazo inesperado que dura más de lo debido
que te acaricia la espalda en el transcurso
te deja los brazos con ganas de otro
y te besa la frente porque no le apetece agacharse.

Eres como ese dibujo a medio acabar
que lleva de mano a una sombra invisible
que lleva como título una coma y un punto
porque hay instantes efímeros que se detienen en mitad de un suspiro.