viernes, 19 de junio de 2015

Margarita

Ya no evocaba su recuerdo. 
Es más, casi ni le soñaba. 
Salía, e iba a dar una vuelta por la ciudad, y tampoco le buscaba. 
Ni siquiera pensaba en su rostro, ni en el mar que había en sus ojos, y mucho menos en sus rosados labios.
Caminaba alrededor del lugar en el que nos conocimos, y no parecía que nuestra presencia hubiera permanecido allí durante días, aunque lo hubiéramos hecho.
Aunque nos hubiéramos quedado a dormir bajo las estrellas, y me hubiera señalado la más brillante de todas y me hubiera explicado la razón del por qué ella estaba ahí y hubiera acabado con la razón del por qué estábamos nosotros allí esa noche.
Aunque me hubiera confesado que era la primera vez que se enamoraba tan profundamente.
Aunque le hubiera respondido que le comprendía.
Aunque aquella noche la luna brillara más que nunca, y las hojas de los árboles parecieran que estaban acechando nuestro encuentro y escuchando nuestras palabras.
Estábamos en primavera, todavía lo recuerdo.
Me estaba abrazando mientras inventaba historias y me las contaba al oído según se le iban ocurriendo.
Una de ellas hablaba sobre una margarita que le gustaba disfrazarse de rosa porque odiaba su simple aspecto y su personalidad mediocre.
Y, entonces, me tendió una margarita en la palma de la mano y me ordenó que jamás la deshojara.
Pero, con el tiempo se le fueron cayendo los pétalos y se quedó siendo la inflorescencia de la planta con su pequeño tallo verde.
Y nunca volvió a disfrazarse de rosa porque empezó a gustarse tal y como era. 
Y se dio cuenta de que era bonita, y de que su personalidad era más de lo que ella pensaba.
Y todavía sigue viva, aunque no lo parezca.
Y en realidad si evoca su recuerdo.
Y le sueña todas y cada una de las noches.
Y le busca como se buscan las cosas que más se quieren en el mundo.
Y tiene más que claro que buscando no se encuentra nada, así que deja de buscarle, y le encuentra en el lugar en el que se vieron por última vez con nuevas historias que contar.

7

Puedo decirte
que te quiero
y hasta en la china
lo entenderían
porque el idioma
del amor
es universal.

miércoles, 3 de junio de 2015