miércoles, 4 de marzo de 2015

Ruinas

Le vi sentado en el muro que separa la zona de espera para los pasajeros de los trenes y las vías de estos. Me acerqué y tomé asiento a su lado desviando la vista hacia el papel que llevaba entre sus manos.
Luego observé su neutral rostro sin articular una sola palabra y extraje la cámara de mi bolso para tomar una fotografía de su silueta, en blanco y negro.
No se molestó, ya que sonrió.
Me tendió el sobre en el que podía leerse con claridad la palabra "ruinas" en la esquina. Cuando levanté la cabeza para cuestionar el por qué de su acto, se había marchado. Desconcertada, desdoblé la hoja y comencé a leer lo que aquel joven había escrito en una fina y delicada caligrafía.
"Esto es para ti, mi querida Ruinas. Muchos hablan sobre lo que causas en Roma, y en otros lugares del mundo escriben textos de desamor utilizando las mismas razones. Pero, esta vez, haré cambiar la monotonía y te escribiré una carta en la que hable de ti afectuosamente. Y diré:
Tú, R; que destruyes tanto como construyes.
Tú, U; que lloras tanto como sonríes.
Tú, I; que no devuelves tanto como robas. 
Tú, N; que te llevaste contigo mis noches en vela, y con ellas a mí. 
Tú, A; que no trajiste de vuelta mi corazón.
Tú, S; que regresaste y ahora conmigo te dejo marchar".
Y me quedé allí, pensando... pensando hasta que vi pasar al siguiente tren por las vías. Antes de subirme, me giré hacia el nombre de la estación.
... pensando en sí las despedidas y los reencuentros se escondían bajo el seudónimo de las ruinas.


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