domingo, 21 de diciembre de 2014

Tiempo perdido

Y de repente todo se vuelve negro cuando te marchas, amargo, quizás como el café. O ácido como el limón cuando resbala sus débiles gotas calle abajo por mi garganta. 
Dejas un rastro de melancolía cuando dices adiós con todas las letras antes de darme un beso dulce, de chocolate.

Tengo ganas de gritarte que te quedes y vuelvas a meterte entre mis brazos antes de que sea demasiado tarde: pero hago callar mis súplicas y te dejo ir.

Más tarde regresas y me dejo querer hasta lo más hondo de mi ser, sin importarme nada.

Volvemos a la cama como dos jóvenes desesperados y me susurras con la voz cansada que me has echado de menos y te ruego que duermas aunque tu te niegas.

Dices que quieres recuperar el tiempo perdido.

Pero tiempo empleado para añorarte no es perdido.



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