domingo, 21 de diciembre de 2014

11:11 pm

Se sienta en la ventana
con las piernas hacia fuera
y la brisa dándole en la cara.
Acaricia con la palma de la mano
la madera del marco
y cierra los ojos para dejarse llevar un rato.
Cuando vuelve a abrirlos,
es la hora de pedir un deseo:
y por un instante,
siente que se cumple.
Porque le ve a su lado,
con la mirada perdida
y el pelo revuelto
tras una noche de caricias.
Y se miran...
Y...


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